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El reclamo en la antigüedad


“... pues la caza y su distinción no sólo se ha de tomar de la cosa que se caza, sino del modo con que se caza, y de los instrumentos que para ella son necesarios, y de los preceptos y reglas con que se rigen.”


La caza de la perdiz con reclamo es una de las modalidades en la que “los preceptos y reglas” con los que se rige deben cumplirse con exactitud, no sólo desde el comportamiento ético del reclamista, cumpliendo con las leyes y normas establecidas para su practica, que ha de observarlas fielmente, frente así mismo y en la soledad del campo, sino también con las reglas fundamentales de esta modalidad de caza, que son, entre otras, la de no disparar sobre las perdices si el reclamo no las recibe y si no están en plaza. Normas de carácter ético y practico, pues de no hacerlo así, se estropearía el reclamo.

Los Orígenes.

El hombre paleolítico utilizaba lazos y otros tipos de trampas para capturar especies de caza menor, silbatos de hueso para imitar sonidos que atrajesen a los animales y debió de practicar la caza con reclamo. Los orígenes de esta modalidad de caza hay que buscarlos en la prehistoria. La existencia de restos de huesos de perdiz en diferentes yacimientos de España, Francia y Alemania, y la representación de una perdiz nival en la cueva de Isturitz, (País Vasco francés), nos dan prueba de ello, por lo que es evidente la relación entre el hombre y las perdices. La perdiz enjaulada podía tener dos funciones: la propia de reclamo y la de servir como alimento cuando ya no es útil para atraer a las campesinas.


Libros que nos sirven para fijar la antigüedad de la caza de perdiz con reclamo.

Esta modalidad de caza despierta una fuerte pasión que ha sido recogida por diversos autores, en forma de manuales y libros de carácter práctico o en relatos y anécdotas de las experiencias vividas en los puestos, ya que la contemplación de los acontecimientos naturales desde el aguardo es de una extraordinaria belleza.


- ESOPO, Fábulas Vida de Esopo, Editorial Gredos, Madrid 2000.

Entre las Fábulas que se le atribuyen a Esopo, (Siglo VI a.C.) existe una titulada: ‘El Pajarero y la perdiz’, en la que nos habla de la “perdiz amaestrada” utilizada como reclamo.

- ARITÓTELES. Investigación sobre los Animales, Biblioteca Clásica Gredos, Madrid, 1992. pp. 501-502.

Libro escrito hacia los años 347-342 a.C., que en su título IX nos describe ‘Las costumbres de las Perdices’ y su forma de cazarlas con el reclamo. Aquí se diferencia la actuación del reclamo macho o hembra con respecto a sus congéneres.

“Por otro lado, la perdiz que se utiliza para la caza recibe el asalto del jefe de las perdices salvajes, que se precipita sobre ella con cantos que preludian guerra. Una vez que el jefe ha sido preso en las redes, se le acerca otra respondiendo con sus gritos de la misma manera. Esto es lo que ocurre cuando el ave que sirve para reclamo es un macho.”


- LA BIBLIA, Libro de los Eclesiásticos, Versículos 11.30, Editorial Herder, Barcelona, 1976.

Libro fechado hacia el año 180 a.C., donde se dice: “Perdiz de reclamo en la jaula, así es el corazón del soberbio”.

- PLINIO EL VIEJO. Historia Natural, Libro X, Editorial Visor Libros.

Plinio el Viejo, (23-79 d.C.). En el libro X, Capitulo 33, de la obra citada habla expresamente de esta modalidad de caza.


- CLAUDIO ELIANO. Historia de los Animales, Libro, IV, Biblioteca Clásica Gredos, Madrid, 1984, pp. 188-189.

Escritor y retórico romano del Siglo II, seguidor de la filosofía estoica, en su exposición sobre las perdices trata de su vida y costumbres y describe la modalidad de la caza de perdiz con reclamo así::

“La perdiz […] Se yergue y lanza su canto, un canto que comporta un desafío y es como una provocación al ave salvaje a la lucha, mientras ella permanece al acecho junto a la trampa o lazo. Luego el macho de las salvajes responde con su canto y avanza para presentar batalla... Entonces el ave doméstica retrocede fingiendo que tiene miedo. El otro avanza pretencioso, dando ya por segura la victoria, y es cogido en la trampa y capturado”.


- Libro de las utilidades de los animales. Es un manuscrito que se encuentra en El Escorial. Representa uno de los códices árabes mejor conservados que poseemos en España. Recopilación atribuida posiblemente a Ibn al-Durayhin, que vivió entre los años 1312-1361. En su apartado Sobre las aves domesticas y salvajes de carne comestible nos describe a la Perdiz como “celosa, que le gusta aparearse y que se enorgullece de su voz” [...].

“El macho se caracteriza por engañar a sus semejantes con su queja, así que los cazadores le ponen en una trampa en las redes, con lo que hace ruido y grita cada vez más hasta que se le reúnen al lado las perdices y caen en las redes. Eso lo hacen por venganza y envidia entre ellas” (sic).







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